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La prevalencia mundial de la obesidad continúa aumentando a un ritmo alarmante. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 890 millones de adultos vivían con obesidad en 2022, una cifra que probablemente ha aumentado significativamente desde entonces [1]. La obesidad no solo es un importante problema de salud pública, sino también un factor desencadenante de numerosas comorbilidades, como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y otras, que en conjunto suponen una carga considerable para los sistemas de salud de todo el mundo. Para las personas con obesidad mórbida, la cirugía bariátrica (CB) se ha convertido en el tratamiento más eficaz y sostenible para lograr una pérdida de peso significativa y reducir el riesgo de comorbilidades relacionadas con la obesidad.
El éxito de la CB va más allá del procedimiento en sí. La evidencia demuestra que una atención nutricional adecuada y continua, adaptada al tipo de cirugía realizada, mejora significativamente sus resultados.
Los estudios indican que la combinación de BS con el manejo nutricional preoperatorio y posoperatorio no solo promueve una pérdida de peso inicial sustancial, sino que también favorece el mantenimiento a largo plazo, a menudo durante dos años o más [6,7]. A pesar de ello, la importancia de la preparación nutricional preoperatoria suele subestimarse en la práctica clínica y la literatura existentes.